Regreso Por Amor

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La gente me pregunta mucho sobre El Salvador.  La pregunta que más me gusta es: “Por qué sigues regresando?”  Esta pregunta es la más fácil de contestar y me da la oportunidad de abrir mi corazón sobre “por qué.”

“Por qué regreso?”  Regreso por el amor.  Dios me ha dado un amor verdadero por El Salvador y la gente que vive allá.  La gente me ha mostrado un gran amor y creo que es lo que pasa cuando “amamos a otros” como Dios nos ha mandado: el amor se vuelve mutuo.  No se puede dar el amor sin recibirlo, y no lo puedes recibir sin darlo!  Dios me mandó a El Salvador en 2008.  Me mandó para enseñarme y guiarme en una nueva dirección donde no todo se trata de mi—se trata de finalmente escuchar a Él y ver lo que Él quiere que yo haga.  Por fin pude ver el mundo de una nueva perspectiva, y esta perspectiva vino de los corazones de la gente a quienes yo pensé que iba a ayudar.

Ahora tengo amigos, verdaderos amigos, de El Salvador quienes son parte de mis pensamientos, mis oraciones, y mi vida.  Me tratan como si fuera familia y yo valoro las amistades que tengo con ellos.  Su fe me ha impactado mucho, y me han mostrado su agradecimiento y confianza en Dios aunque tengan que sobrevivir con muy bajos ingresos en casas con pisos de tierra.  Son personas trabajadoras, generosas, amigables, y abrazables!  Hablando de los abrazos—me siento honrado que tantas personas me han dado tantos abrazos, y que me dicen “no adiós—hasta luego o hasta pronto,” y que han compartido lágrimas conmigo cuando nos partimos, sin saber si de verdad nos volveremos a ver en este mundo pero yo siempre con la promesa que, primero Dios, “les veré el próximo año.”

Aunque El Salvador es un país con mucha belleza de paisaje, su belleza verdadera es su gente.  En general no soy bueno para recordar los nombres, pero me acuerdo de muchos, muchos nombres de mis amigos salvadoreños y los repito en un listado largo cuando rezo a Dios pidiéndole que les cuide.  Sí, yo regreso por amor: amor por Dios y amor por todos ellos.

He recibido lecciones de humildad y he sido ilustrado, enseñado, guiado, y animado por mis experiencias en El Salvador, y pienso regresar siempre que Dios me de la oportunidad.

—Roger Kimmel, líder y voluntario de Thrivent

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