El Trabajo de Verdad Se Inicia

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Empezamos nuestro primer día de trabajo, reuniéndonos bajo una ramada en la zona verde de la comunidad Getsemaní.  Todos los voluntarios nacionales e internacionales conocieron a las mujeres increíbles de la junta directiva de la ADESCO, la cual es como una asociación de vecinos en los Estados Unidos, excepto que hace cosas más importantes que preocuparse por el color de las puertas o monitorear el horario de cortar el césped.  (Estas mujeres han colaborado con el gobierno municipal y otras instituciones en proyectos de mejora como la construcción de un puente y la excavación de un pozo.)  Después, los niños de la comunidad nos dieron la bienvenida de manera especial.  (Vea un video en YouTube.)

Nos dividimos en grupos y fuimos a nuestros respectivos sitios de construcción.  Miembros de la Iglesia Presbiteriana de Ahuachapán se unieron a uno de nuestros grupos, incluyendo a Juan, quien con 75 años de edad trabajó el doble de nosotros.  Aprendimos ser más pacientes, poniendo mezcla entre los bloques y echando chispa en los hoyos.  Los albañiles nos guiaron con palabras sencillas en español. Sabíamos que lo estábamos haciendo bien hasta  que nos dijeran “no, no, no!” en vez de “bueno”.

El otro grupo de MPPC tuvo el apoyo de Kelly Backman para romper el hielo con los albañiles, pues tiene habilidades interpersonales para hacer bromas sin la necesidad de un traductor.  Por ejemplo, inmediatamente pusieron el nombre de “Tortuga” a Jim Backman por ser lento.  Movimos tierra, compactamos tierra y mezclamos cemento.  Tierra en todo, incluyendo en nuestro pelo, guantes y camisas, pero nos agrada.  Para nosotros, no fue un día de trabajo, sino más bien una buena experiencia hablando con nuestros amigos en el poco español que sabemos.

(De hecho, aunque trabajamos muy duro durante nuestro primer día, sabemos que las mujeres que halan agua en cántaros encima de sus cabezas de la cantarera a sus casas por lo menos cinco veces al día hicieron mucho más esfuerzo que nosotros.  Cántaro vacío en el camino a la cantarera;  cántaro lleno al regreso a casa.  Muchas familias en la comunidad Getsemaní todavía tienen que ir al cantarero por su agua.)

–Jim Backman (Brigada de Iglesia Presbiteriana Myers Park)

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